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domingo, 6 de febrero de 2011

El estilita visita Groenlandia

La revista de literatura Groenlandia acaba de publicar uno de mis cuentos veteranos: El Estilita.
Una reflexión sobre los peligros del excesivo existencialismo, también sobre la creencia en la existencia de Dios y sobre estar subido en "una caja de cables en el punto más alto del Empire State Building" y dejarse mecer por el soplo del aire - inconsistencia, ausencia de sentido-.

http://issuu.com/revistagroenlandia/docs/groenlandia_diez_revista

martes, 1 de febrero de 2011

Susan Meiselas y las ferias de strippers


Era la primera vez que había visto una mujer desnuda y sólo recordaba sus piernas. - Eh, Tim, ¿has visto qué tetas -, el pequeño de los O’Hara le palmeó la espalda. Tim asintió con la mirada extraviada y la boca seca; en realidad no se había atrevido a deslizar los ojos hacia arriba. Hay piernas que merecen un respeto.

Dice Susan Sontag que una única fotografía no puede explicar una historia, porque toda historia implica un proceso, un desarrollo en el tiempo. Lamento contradecirla – no, realmente me gusta -, pero a Sontag le faltó la imaginación suficiente para observar fotografías como leyéndolas, porque hay algunas instantáneas que explican toda una vida, cuyos personajes parecen salirse del papel satinado, mirarte fijamente y decirte “¿Te das cuenta de lo que está pasando?”. Eso justamente fue lo que me ocurrió cuando conocí la obra de la fotógrafa de Magnum Susan Meiselas.

El que fue su primer trabajo como fotógrafa, Carnival Strippers, se exponía hasta el pasado fin de semana en el Espai Virreina de Barcelona. Un recorrido por la América profunda de principios de los setenta y sus ferias ambulantes de ‘exotics’, que eran verdaderos circos ‘kitsch’ de mujeres desnudas que se ofrecían en una tarima para deleite de los granjeros y paletos locales, mientras el presentador, algún tipo al que debían llamar Big Daddy o algo por el estilo, lanzaba comentarios no poco ofensivos sobre las rotundas curvas de estas “ovejas descarriadas”, que diría el reverendo.

Unas imágenes que no enjuician y simplemente recogen el testimonio sus testimonios, en escena y en el camerino; desnudas, fumando a la espera de que la cortina se abra o hundidas en la bañera de algún motel de carretera. Las mujeres también hablan para Meiselas, sus voces quedan registradas y nos muestran la disparidad de versiones de quien explica que se siente explotada o quien cuenta cómo y cuándo llegó a la feria y que aquella es su única familia. Y a mí este trabajo, que supuso la entrada de Susan en la agencia Magnum en una época en la que ser mujer y fotógrafa es como ser mujer y política en un país islámico, me permitió por un momento viajar en el tiempo a una época de contradicciones - no tan alejada de la nuestra, si lo pensamos bien - en que mientras las abanderadas del feminismo clamaban por el derecho de la mujer, en los pueblos se mercadeaba con la carne y se las separaba entre las mujeres decentes y la de las blancas nalgas, sí, la fulanas de la tarima.

Carnival Strippers, al igual que los trabajos de Meiselas sobre la revolución nicaragüense o sobre los asesinatos de la guerra civil en el Salvador o la corrupción y miseria de la Latinoamérica de los 80’, nos hace revivir el drama in situ; son imágenes que laten, que te transportan. ¿Qué una fotografía aislada no dice nada? Eso no es cierto. Carnival Strippers recoge muchos retratos, tantos como historias cuenta cada uno de ellos. Por eso y porque a veces vale más una imagen que mil palabras, reivindico el papel totalizador de la fotografía. ¿No es acaso nuestra vida una suma de instantes irrepetibles?

Publicado en Cadáver Exquisito diario Siglo XXI. 01/02/2011