C. H. Renegas
2. Los hombres deberían comer más pollo. El pollo está lleno de hormonas femeninas, eso les haría más sensibles y, además, tendrían grandes pechos con los que poder entretenerse. Ergo, viviríamos más tranquilas.
M. I. Lusa
Literatura, cine, cultura, viajes y aislamientos varios de una escritora que juega al periodismo
El ser humano como especie camina hacia su extinción. Antes de que nuestro planeta reviente como un forúnculo mal curado a causa de la contaminación o por el falo armado de dios en traje de corbata, lo hará nuestra incapacidad para comunicarnos. En los años sesenta de la pasada década la escritora Valerie Solanas nos arengaba en su Manifiesto SCUM al exterminio de los hombres por encontrarlos un atajo de retrasados e inseguros con el sexo como único motor de su existencia. Me pregunto si su vano intento por liquidar a esa diva albina de Andy Warhol no fue la preconización de una feminización de los hombres a raíz, dicen ellos, de que nosotras nos volvamos más “hombrunas”, cuando hombruno quiere decir activo, agresivo, falsamente orgulloso de nuestro nuevo papel de ‘cazadora’ de reses copulantes.