Queridos, hoy muere un mito que para mí ya agonizaba desde hace tiempo… Que se apaguen las velas de la menorah para el “antes grande” Woody Allen. Vengo de ver en la gran pantalla a mi referente con la sensación de que la genialidad se agota y, como al moribundo Caudillo, a la imaginativa neurosis de Allen sólo le queda eso, neurosis. Su última película, Conocerás al hombre de tus sueños, es un bodrio fatalista, intento de comedia de enredo cargada de frustración que, como un traje de carnaval hecho por mi abuela, está cosido con retales de ideas que guardaba en algún cajón y que Mediapro se ha encargado de financiar porque ES DE WOODY. Historias mal cerradas, diálogos inconsistentes y sin demasiada gracia y un mensaje refrito de temas recurrentes. Lo más aberrante no es que Allen chochee deliberadamente, que ya no le queden historias para explicar o que su miedo a la muerte haya ‘matado’ su creatividad, lo terrible es que con el montón de excelentes guionistas patrios y buenas historias todavía por contar, una productora haya sido tan snob como para financiar semejante excremento de película. Escritores muertos de éxito que roban novelas ajenas, ancianos que confunden el culo de una veinteañera con el elixir de la eterna juventud, infidelidad, infidelidad y… -ah, se me olvidaba-, más infidelidad. ¿Dónde están los chistes, Woody? ¿Dónde está la historia? De hecho, ¿dónde estás tú?
Si la vida, según Shakespeare, es ruido y furia que nada significa… Conocerás al hombre de tus sueños es un ruido tan molesto que te pone furioso
Literatura, cine, cultura, viajes y aislamientos varios de una escritora que juega al periodismo
domingo, 29 de agosto de 2010
miércoles, 4 de agosto de 2010
Próximo destino de vacaciones: Molossia
La república más pequeña del mundo (Ikea aparte). Quiero proponerles abrir un hotelito en el cuarto de las escobas. ¿Algún contorsionista se ofrece para hacer de botones?
martes, 27 de julio de 2010
Hotel Postmoderno y la envidia (sana) que me corroe
Hay quien, por exceso de pudor, únicamente agrega a su facebook a un restringido grupo de amigos y familiares –suelen ser los mismos que cuelgan fotos en topless de sus vacaciones en Menorca-; los hay también que se lanzan a la cruzada de conseguir el millar de “amigos” en un ataque frenético de bulimia 2.0… Me he dado cuenta de que yo pertenezco a un tercer grupo, los que agregan a amigos de sus amigos porque el nombre que utilizan para presentarse MOLA Y MUCHO. Hace meses que tenían agregado a un –hasta ahora- ‘ente’ llamado ‘Los tres postmodernos’, sin haberme percatado hasta hace bien poco que de que es uno de los colectivos literarios más transgresores y atrayentes de los últimos tiempos. Acaban de publicar una novela histórica que se llama “De la Habana un barco”, a la que quiero echar el diente pronto. Pero Hotel Postmoderno no es sólo eso, un grupo de literatos ‘post’ que juegan y transgreden, sino que además ponen banda sonora a sus creaciones, acompañan sus obras de soporto audiovisual, beben de la transmedia, la usan y la moldean para explicar historias delirantes como la que paso a comentaros.
Suicídame es un relato-novela que se conforma como un reality en el que seis personajes compiten por ver quién tiene más y mejores motivos para suicidarse. Música de impacto, protagonistas e historias muy bien orquestadas y una presentación macabra que quita el hipo. Y lo mejor que es que eres tú –soy yo, qué más da- quien escoge al afortunado que dirá ‘bye, bye, sweet’ a su existencia terrena. Un espléndido ejercicio de narrativa hipermedia que podéis apreciar en http://www.suicidame.es/.
(Dios, qué ganas tengo de tener una pantalla táctil… ¿Habrá palitos de epad para dedos gordezuelos? – No es mi caso, que conste, pero soy tan sensible a desgracia ajena… ).
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