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domingo, 29 de agosto de 2010

¿Qué le pasa a Woody Allen?

Queridos, hoy muere un mito que para mí ya agonizaba desde hace tiempo… Que se apaguen las velas de la menorah para el “antes grande” Woody Allen. Vengo de ver en la gran pantalla a mi referente con la sensación de que la genialidad se agota y, como al moribundo Caudillo, a la imaginativa neurosis de Allen sólo le queda eso, neurosis. Su última película, Conocerás al hombre de tus sueños, es un bodrio fatalista, intento de comedia de enredo cargada de frustración que, como un traje de carnaval hecho por mi abuela, está cosido con retales de ideas que guardaba en algún cajón y que Mediapro se ha encargado de financiar porque ES DE WOODY. Historias mal cerradas, diálogos inconsistentes y sin demasiada gracia y un mensaje refrito de temas recurrentes. Lo más aberrante no es que Allen chochee deliberadamente, que ya no le queden historias para explicar o que su miedo a la muerte haya ‘matado’ su creatividad, lo terrible es que con el montón de excelentes guionistas patrios y buenas historias todavía por contar, una productora haya sido tan snob como para financiar semejante excremento de película. Escritores muertos de éxito que roban novelas ajenas, ancianos que confunden el culo de una veinteañera con el elixir de la eterna juventud, infidelidad, infidelidad y… -ah, se me olvidaba-, más infidelidad. ¿Dónde están los chistes, Woody? ¿Dónde está la historia? De hecho, ¿dónde estás tú?
Si la vida, según Shakespeare, es ruido y furia que nada significa… Conocerás al hombre de tus sueños es un ruido tan molesto que te pone furioso

sábado, 27 de marzo de 2010

Federico Fellini y la teta monstruosa


Fellini solía decir que vivía dos vidas: una, despierto y la otra, dormido. No en vano, y por recomendación de su psicoanalista, Ernst Bernhard, se dedicó a plasmar sus sueños en cientos de dibujos durante 30 años. Un inconsciente genial, atormentado, profundamente marcado por la noción de lo femenino –una visión cruel, por cierto-, que recogió en su Libro de los Sueños.
Esta semana tuve la oportunidad de conocer algunas de estas imágenes oníricas en la exposición ‘Fellini. El Circo de las Ilusiones’, y salí de allí con el convencimiento casi absoluto de que el arte es la sublimación de las pulsiones más oscuras del ser. También entendí porqué sólo los neuróticos me parecen interesantes –debe ser que nos olemos-.
Mujeres rotundas, de caderas anchas y sexos que se dilatan como bocas de metro. A mí lo que más me fascinó fue que los pechos de aquellas mujeres eran increíblemente grandes en relación a su cabeza… Entonces, a la fascinación, se le sumó el deseo (también fascinante, por qué no) de practicarle al gran “Federico” una fimosis de serie B con tenazas enrobinadas. Una misoginia declarada, la suya, que muchos compañeros de manada, ciénaga, lodazal –vaya usted a saber- han maquillado arguyendo que la mujer fellinesca representa una crítica a la Italia del momento, una sociedad de niños de pecho necesitados de una matrona que los alimente. Y a mi juicio, Federico Fellini, el grande, el genio de la Strada, el de La Dolce Vita y también el de 8 ½, lo que realidad deseó fue tener a una mujer por piezas. Por buscar un símil en su filmografía, él es el niño Titta –hasta el nombre tiene guasa- de Amarcord, atrapado/seducido por la estanquera… Un crío indefenso atacado por una teta gigante.