Loading...

domingo, 25 de septiembre de 2011

Vete con la metáfora a otra parte

Hace un tiempo que leí un libro de Ted Cohen titulado "Pensar en los otros. Sobre el talento para la metáfora" y debo admitir que me costó entender el capítulo que se refería a las metáforas del yo, que titula: "Uno mismo como uno mismo". Cohen viene a decir que un ejemplo de identificación personal metafórica es imaginarse a uno mismo en un momento futuro actuando de una determinada forma que nada tiene que ver con nosotros, y que yo entiendo debe ser como la manida frase de "ponerse en los zapatos del otro". ¿Cómo me sentiría si me abofetearan el ego como yo lo acabo de hacer? ¿Y si fuese el triste encuestador callejero y no la mujer abominable que soy y que siempre tiene prisa aunque camine a a dos por hora jugueteando con el móvil? Es curioso como cuando uno olvida ser empático, la vida te plantea una serie de situaciones en las que lo hipotético se materializa y es como si levitaras sobre tu yo y el del pobre condenado o el miserable egocéntrico y bastardo que tienes frente a ti, y te vieras siendo ese engreído e imbécil y también ese triste palurdo, y todo en cuestión de días. Hasta que llega un punto que, en previsión de que un alúd de metáforas del yo futurible caigan sobre ti y te conviertas en una de esas mujeres que hablan con sus plantas, decides volverte de nuevo empático, y la sorpresa es.... - rugir de tambores, hoolligans llorones -: Nadie quiere a los empáticos, de hecho, el mundo no está hecho para los empáticos. Es más, las personas empáticas ofenden. Increiblemente te encuentras actuando como te gustaría que actuaran contigo y no sirve de nada, y lo bueno es que lo haces porque piensas que como en Cadena de Favores o una de esas americanadas cuyos protagonistas son energúmenos que un día se vuelven personas honradas, la vida te premiará con comprensivos y sensibles encuentros. Bien, no es así. El ego herido se desangra aunque le tiendas gasas, y aquello de "No sabes cuánto te entiendo..." sólo lo dice quien no entiende nada. Y son la mayoría, creedme, aunque lo peor, lo peor de todo es el silencio. Por eso, hacedme un favor, no seáis empáticos, sed sinceros. A partir de ahora a cada quien que me reproche con motivo le contestaré: "Tienes razón, soy una bruja, ¿ y sabes lo mejor? Me gustaaaaaaaaaaa".

2 comentarios:

  1. Brutal!







    Algunos ya teníamos claro que eras una bruja al ver como hechizas con las letras ;)!

    ResponderEliminar
  2. La gente no quiere empatía, prefieren los egoístas, és curioso

    ResponderEliminar